Abu Simbel
Abu Simbel es mucho más que un templo. Es un mensaje llegado desde lo más hondo del tiempo, tallado en la roca por artesanos antiguos y salvado de las aguas en una de las operaciones de ingeniería más ambiciosas del siglo XX. Dos templos a orillas del lago Nasser: un monumento a la grandeza de Ramsés II y un triunfo de la cooperación internacional.
Historia de la construcción
Ramsés II gobernó Egipto durante 66 años, más que ningún otro faraón. En ese tiempo construyó más templos y levantó más estatuas que todos sus predecesores juntos. Pero Abu Simbel fue un proyecto especial.
Las obras comenzaron hacia el 1264 a.C. y se prolongaron durante 20 años. El templo no se construyó: se talló directamente en la roca. Miles de obreros con herramientas de cobre crearon esta maravilla en el ardiente desierto de Nubia.
El emplazamiento se eligió a propósito. El templo se alzaba en la frontera del territorio egipcio y recordaba a los nubios el poder del faraón. Cuatro estatuas de 20 metros de Ramsés miraban al sur, hacia donde podían llegar los enemigos.
Arquitectura del Gran Templo
La fachada del Gran Templo es una de las imágenes más reconocibles del antiguo Egipto. Los cuatro colosos representan a Ramsés en distintas edades: joven guerrero, gobernante maduro, rey sabio y dios.
A los pies de los gigantes hay figuras más pequeñas: las esposas, las hijas y los hijos del faraón. Lo de «más pequeñas» es relativo: estas estatuas alcanzan la altura de una persona.
Por dentro, el templo se adentra 63 metros en la roca. La primera sala se sostiene sobre ocho pilares con la forma de Ramsés como Osiris. Las paredes están cubiertas de relieves que representan la batalla de Qadesh, el enfrentamiento con los hititas que Ramsés proclamó como su gran victoria (aunque los historiadores aún lo discuten).
En el santuario, en lo más profundo, se sientan cuatro dioses: Ptah, Amón-Ra, Ramsés II (sí, se divinizó a sí mismo en vida) y Ra-Horajty. Dos veces al año, el 22 de febrero y el 22 de octubre, los rayos del sol naciente penetran por la entrada e iluminan tres de las estatuas. Ptah, dios del inframundo, queda en la sombra.
El Pequeño Templo de Nefertari
Junto al Gran Templo, Ramsés mandó construir un templo para su amada esposa Nefertari. Es un caso raro en la historia egipcia: un templo dedicado a una reina en vida del faraón.
La fachada presenta seis estatuas, tres a cada lado de la entrada. Cuatro representan a Ramsés y dos muestran a Nefertari como la diosa Hathor. Y las estatuas de la reina tienen el mismo tamaño que las del faraón, una igualdad sin precedentes en el antiguo Egipto.
Por dentro, el templo es más pequeño que su vecino, pero igual de impresionante. Los relieves muestran a Nefertari junto a su esposo: participando en rituales, haciendo ofrendas a los dioses, recibiendo bendiciones.
El rescate de las aguas
En la década de 1960, la construcción de la Alta Presa de Asuán amenazaba con sepultar Abu Simbel para siempre bajo las aguas del futuro lago Nasser. La UNESCO organizó una operación de rescate sin precedentes.
Entre 1964 y 1968, los templos se cortaron en 1.036 bloques de hasta 30 toneladas cada uno. Se elevaron 65 metros y se volvieron a montar sobre una colina artificial. La obra costó 40 millones de dólares, alrededor de medio billón al cambio actual.
Sobre los templos se levantó una cúpula artificial, recubierta de roca para recrear el aspecto de un acantilado natural. Desde fuera, todo parece como en la antigüedad. Pero por dentro se aprecia la junta donde se unieron los bloques: el precio de la salvación.
Información práctica
Cómo llegar
Abu Simbel está a 280 km al sur de Asuán. Hay tres opciones: avión (30 minutos), convoy de autobús turístico (3 horas por trayecto, con salida a las 4 de la madrugada) o traslado privado. El convoy de autobús es el más barato, pero agotador; el avión ahorra tiempo.
Cuándo visitar
El 22 de febrero y el 22 de octubre el fenómeno solar atrae a multitudes. Esos días, miles de personas acuden a ver cómo la luz del sol ilumina el santuario. Reserva hotel y transporte con meses de antelación.
El resto del año, llega por la mañana, antes que los grupos turísticos. Por la tarde aprieta el calor del desierto. La luz del atardecer es preciosa para las fotografías.
Ambiente y consejos
Abu Simbel es un lugar que te hace sentir pequeño. Ante los colosos, percibes tu insignificancia frente a unas piedras de tres mil años. Y saber que todo esto se cortó, se desmontó y se trasladó con manos humanas asombra tanto como la propia hazaña antigua.
Es el gran atractivo más remoto de Egipto, pero merece el viaje. Después de Karnak y el Valle de los Reyes, Abu Simbel es el broche final: la prueba de que los faraones no construyeron para su época, sino para la eternidad.