Mezquita Marjani
La Mezquita Marjani es la mezquita de piedra más antigua de Kazán y el primer templo musulmán que se construyó tras casi dos siglos de prohibición. Este modesto edificio del Antiguo Barrio Tártaro conserva la memoria de los tiempos en que se prohibía a los tártaros levantar mezquitas en la ciudad, y del hombre que ayudó a derogar esa prohibición.
Historia: la primera mezquita tras la prohibición
Tras la caída del Kanato de Kazán en 1552, los tártaros tenían prohibido vivir en la ciudad y construir mezquitas de piedra. Durante más de 200 años, los musulmanes de Kazán rezaron en construcciones de madera del Antiguo Barrio Tártaro, un distrito situado fuera de las murallas adonde habían sido trasladados.
Todo cambió en 1767, cuando Catalina II visitó Kazán. Los comerciantes tártaros locales le ofrecieron regalos y le pidieron permiso para construir una mezquita de piedra. La emperatriz accedió, en un gesto acorde con su política de tolerancia religiosa.
La construcción se terminó en 1770. La mezquita lleva el nombre del destacado teólogo Shigabutdin Marjani (1818-1889), que fue su imán durante muchos años. Marjani, reformador, ilustrado e historiador, es uno de los pensadores tártaros más venerados.
Arquitectura
La Mezquita Marjani es un ejemplo singular del «barroco tártaro». El arquitecto, cuyo nombre no se ha conservado, combinó el estilo barroco ruso con la arquitectura islámica tradicional. El resultado es un edificio que no se parece ni a las iglesias rusas ni a las típicas mezquitas orientales.
El edificio, de dos plantas, está coronado por un alminar que se eleva sobre el tejado en lugar de alzarse aparte, una solución de compromiso con las autoridades: el alminar no debía superar la altura de los campanarios ortodoxos. La fachada está decorada con marcos de ventanas barrocos y ornamentación tártara tradicional, y la combinación resulta sorprendentemente armoniosa.
En el interior hay una espaciosa sala de oración con un mihrab (el nicho que señala la dirección de La Meca) y un mimbar (el púlpito desde el que se predican los sermones). El interior es sobrio, sin decoración excesiva, en consonancia con la tradición suní.
Shigabutdin Marjani
La mezquita lleva el nombre de su célebre imán, Shigabutdin Marjani, que sirvió aquí de 1850 a 1889. Marjani fue un hombre notable: teólogo e historiador que, a la vez, llamaba a depurar el islam de añadidos posteriores y a abrirse a la ciencia europea.
Su obra principal, «Mustafad al-Ajbar», fue la primera historia académica del pueblo tártaro. Marjani abrió en la mezquita una biblioteca y una escuela donde no solo se enseñaban materias religiosas, sino también ciencias seculares. Los conservadores lo criticaron por ello, pero los círculos ilustrados lo apoyaron.
Hoy Marjani es un héroe nacional de Tartaristán. Calles, institutos y premios llevan su nombre. Y la mezquita en la que sirvió se ha convertido en lugar de peregrinación para quienes honran su memoria.
Qué ver cerca
La mezquita está en pleno corazón del Antiguo Barrio Tártaro, un distrito histórico de arquitectura tártara tradicional. Aquí hay también otras mezquitas antiguas (Apanay, Burnay), casas de madera del siglo XIX y el Museo Chak-Chak.
A pocos minutos a pie está el Lago Kabán, con su paseo y la leyenda del tesoro del kan. Y a 15 minutos caminando se encuentra el Kremlin de Kazán, con la Mezquita Kul Sharif.
Consejos prácticos
Visita
La mezquita está en activo y la entrada es gratuita. Respete el código de vestimenta: hombros y rodillas cubiertos, y las mujeres deben llevar un pañuelo en la cabeza. El mejor momento para visitarla es por la mañana o después de la oración del mediodía.
Cómo llegar
Dirección: calle Kayum Nasiri, 17. Desde el Kremlin son 15 minutos a pie por la calle Profsoyuznaya. Desde la estación de metro Plaza Tukay, 10 minutos.
Ambiente y carácter
La Mezquita Marjani no es un museo, sino un templo vivo. Los lugareños vienen aquí a rezar, y se celebran ceremonias de nikah (bodas musulmanas) y oficios conmemorativos. El ambiente es modesto y hogareño, nada que ver con la grandiosa Kul Sharif.
Pero precisamente en esa modestia reside un valor especial. Aquí se respira el espíritu de una época en la que los tártaros apenas empezaban a reivindicar sus derechos tras siglos de opresión. La primera mezquita de piedra construida con permiso imperial es un símbolo de la perseverancia de un pueblo que conservó su fe y su cultura contra todo pronóstico.