Templo de Esna
El Templo de Esna es una de las atracciones más singulares de Egipto. Imagina la escena: en medio de una bulliciosa ciudad de provincias, en un foso de 9 metros de profundidad, se alza un templo antiguo. A su alrededor, un bazar, viviendas, una mezquita. Y abajo, una sala hipóstila con columnas de dos mil años de antigüedad.
El templo en un foso
¿Por qué está el templo tan hundido? La respuesta es sencilla: a lo largo de los milenios, el nivel de la ciudad fue subiendo. Cada generación construyó sobre la anterior y acumuló metros de estratos culturales. El templo se quedó donde lo levantaron, mientras la ciudad crecía por encima.
Solo se ha excavado una parte del templo: la sala hipóstila. El resto sigue bajo la ciudad, debajo de casas, tiendas y calles. Excavarlo por completo exigiría derribar un barrio entero, así que el templo permanece medio enterrado.
Desde el nivel de la calle, el templo es invisible: solo se ven una valla y unas escaleras que descienden. Bajar al foso es como viajar en el tiempo: el ruido del bazar queda arriba y te encuentras en un espacio antiguo y tranquilo.
El dios Jnum
El templo está dedicado a Jnum, el dios creador con cabeza de carnero que, según la leyenda, modeló a los humanos en un torno de alfarero. Esna era el centro de su culto, aunque a Jnum se le adoraba en todo Egipto.
Jnum era también el dios del Nilo y de sus crecidas, y por tanto de la fertilidad y la vida. En Esna se hacían sacrificios para asegurar buenas cosechas. La conexión es clara: el alfarero crea con arcilla y el Nilo trae el limo fértil, la arcilla de la tierra.
Los capiteles de las columnas no solo representan a Jnum, sino también a otras deidades: Neith (diosa del tejido y la guerra) y Heka (dios de la magia). Era un templo de teología compleja, donde se entrelazaban distintos cultos.
Columnas y techos
La sala hipóstila de Esna tiene 24 columnas con magníficos capiteles. Cada capitel es único: palmeras, papiros, lotos, vides. Semejante variedad de motivos vegetales es rara en los templos egipcios.
El techo conserva parte de su pintura: escenas astronómicas en tonos azules y dorados. Signos del zodíaco, constelaciones, deidades del cielo. Es uno de los techos pintados mejor conservados del Egipto romano.
Las paredes están cubiertas de relieves y textos. Resultan especialmente curiosas las inscripciones «criptográficas»: jeroglíficos-acertijo en los que los signos se emplean de forma poco convencional. A los sacerdotes de Esna les gustaba jugar con la escritura.
Un templo romano
El templo, tal como lo vemos hoy, es una obra de época romana. La sala hipóstila se construyó bajo los emperadores que van de Claudio a Decio (siglos I-III d. C.). Es uno de los últimos templos levantados para la antigua religión egipcia.
Para entonces, la tradición de construir templos abarcaba tres mil años. Los artesanos del período romano dominaban a la perfección los cánones, aunque también se permitían experimentos. De ahí los capiteles tan inusuales y los juegos criptográficos.
Las últimas inscripciones fechadas del templo son del año 250 d. C., la época de la crisis del Imperio Romano. Poco después, el templo dejó de funcionar, quedó sepultado bajo la arena y cayó en el olvido.
Excavación y restauración
El templo se descubrió durante la expedición de Napoleón, en 1798. Por entonces estaba casi por completo enterrado: solo asomaban las partes superiores de las columnas. La excavación sistemática empezó a mediados del siglo XIX.
Entre 2018 y 2020, un importante proyecto limpió siglos de hollín y suciedad del techo. Salieron a la luz colores que no se veían desde hacía siglos. Las escenas astronómicas asombran ahora por su brillo.
La excavación continúa: cada año los arqueólogos descienden un poco más. Quizá algún día emerja el templo entero, pero, por ahora, sigue siendo un misterio urbano.
Información práctica
Esna está a 55 km al sur de Luxor. Los cruceros paran aquí con regularidad. En coche o taxi, alrededor de una hora desde Luxor. El templo queda a 5 minutos a pie del muelle del Nilo, cruzando el bazar.
El templo es pequeño: con 45 minutos basta para verlo. Pero merece la pena detenerse a observar los capiteles y los techos. Un guía ayuda a entender el simbolismo.
Ambiente y consejos
Esna es un rincón poco conocido. Los turistas van a la carrera entre Luxor y Asuán y le echan un vistazo al templo durante media hora. Pero es un lugar único: una ciudad viva arriba y un santuario antiguo abajo. El contraste entre el caos del bazar y el silencio del templo es Egipto en miniatura.
Después de la grandiosidad de Karnak, Esna resulta íntimo. Aquí puedes plantarte a solas ante una columna y contemplar un loto de dos mil años. Es un templo para la contemplación, no para las multitudes.