Arroyo Cheonggyecheon
En medio de la jungla de hormigón de Seúl discurre un arroyo: 11 kilómetros de agua, vegetación y calma que atraviesan el centro comercial de la ciudad. Cheonggyecheon es uno de los ejemplos de renovación urbana más impresionantes del mundo: un lugar que en su día fue un río sucio, luego un paso elevado y hoy el paseo favorito de millones de seulitas.
Historia: del río al paso elevado y vuelta atrás
Cheonggyecheon no es un canal artificial, sino un río de verdad que corrió por aquí durante siglos. Durante la era Joseon (1392-1910), era la principal vía fluvial de la capital: se transportaban mercancías, se lavaba la ropa en las orillas y los palacios reales se reflejaban en sus aguas.
Con la industrialización del siglo XX, el río se convirtió en una cloaca. Para la década de 1950, Cheonggyecheon estaba tan contaminado que las autoridades decidieron sencillamente cubrirlo: primero con losas de hormigón y luego con un paso elevado de cuatro carriles. Hacia el año 2000 era una autopista urbana cualquiera, con atascos constantes, y pocos recordaban que bajo el asfalto corría un río.
Todo cambió en 2003, cuando el alcalde de Seúl, Lee Myung-bak (más tarde presidente de Corea), puso en marcha el proyecto de recuperación del arroyo. Se demolió el paso elevado, se limpió el río y se ajardinaron las orillas. En 2005, Cheonggyecheon abrió al público y enseguida se convirtió en el favorito de la ciudad.
El proyecto costó 900 millones de dólares y generó mucho debate. Los críticos advertían de los atascos que provocaría la desaparición de la autopista. Pero las cuentas salieron: la gente empezó a usar más el metro, la zona de alrededor se transformó, subieron los precios inmobiliarios, abrieron nuevos negocios y mejoró el medio ambiente.
Qué ver
El inicio del arroyo: la Cheonggye Plaza
El arroyo nace en la Cheonggye Plaza, donde se alza la escultura «Spring», de Claes Oldenburg y Coosje van Bruggen: una concha gigante y multicolor de 20 metros de altura. Simboliza el renacimiento del arroyo y es el punto de partida de los paseos.
Cerca hay una cascada por la que el agua cae desde el nivel de la calle hasta el cauce. Siempre hay gente: unos haciendo fotos, otros simplemente sentados junto al agua.
Pasear junto al agua
Los senderos peatonales recorren todo el arroyo: puedes hacer los 11 km enteros o elegir un tramo. El cauce queda unos 5 metros por debajo del nivel de la calle, así que el ruido de la ciudad se aleja y te encuentras en un inesperado oasis de calma.
Por el camino hay 22 puentes, cada uno con su historia y su diseño. Algunos son históricos, restaurados a partir de dibujos de la era Joseon. Otros son modernos, de arquitectura llamativa.
A lo largo de las orillas hay sauces, parterres de flores y zonas de descanso. En algunos puntos puedes bajar hasta el mismísimo agua: unas piedras permiten cruzar a pie. En verano, a los niños les encanta jugar aquí mientras los adultos se sientan con los pies en el agua fresca.
Iluminación nocturna
Tras el atardecer, el arroyo se transforma: se encienden las luces de los puentes y las orillas, y Cheonggyecheon se vuelve aún más bonito. Resulta especialmente impresionante el tramo del nacimiento, donde la cascada se ilumina con luces de colores.
Festivales
En noviembre, el Festival de los Faroles recorre el arroyo: miles de figuras luminosas se instalan directamente sobre el agua y en las orillas. Los temas cambian cada año, pero siempre atraen a cientos de miles de visitantes.
Qué ver cerca
Cheonggyecheon cruza el centro de Seúl, así que tiene muchas atracciones cerca.
En el nacimiento del arroyo, hacia el norte, está el barrio de Insadong, con galerías, tiendas de antigüedades y casas de té. Un poco más allá queda el Templo Jogyesa, el principal templo budista de Corea.
Hacia el norte puedes ver la Torre Namsan: sube al mirador y contempla el arroyo desde arriba.
Más al norte están los barrios históricos: la Aldea Hanok de Bukchon y los palacios Gyeongbokgung y Changdeokgung.
Al sur del arroyo están el barrio de Myeongdong (compras) y el Mercado de Namdaemun (mercado tradicional).
Consejos prácticos
Cuándo visitarlo
El arroyo es accesible las 24 horas y es gratuito. El mejor momento: de noche, cuando está la iluminación encendida, o a primera hora de la mañana, cuando hay poca gente.
Los fines de semana hay muchísima gente, sobre todo si hace buen tiempo. Para un paseo tranquilo, elige un día entre semana.
Estaciones: la primavera trae los cerezos en flor a lo largo de las orillas, el verano invita a sentarse junto al agua para combatir el calor, el otoño regala un follaje precioso y el invierno suma una pista de hielo en la Cheonggye Plaza. El Festival de los Faroles es en noviembre.
Cómo llegar
Se accede desde muchas estaciones de metro. Las más cómodas: Gwanghwamun (Línea 5) para el nacimiento del arroyo, o City Hall (Líneas 1 y 2), Jonggak (Línea 1) y Euljiro (Líneas 2 y 3).
Tiempo necesario
Para el tramo central (2-3 km): alrededor de una hora. Para todo el arroyo: de 3 a 4 horas. Pero también puedes sentarte junto al agua 15 minutos para descansar del bullicio urbano.
Ambiente y carácter
Cheonggyecheon es un oasis en la jungla de hormigón. Bajas unos escalones y el ruido de los coches se queda arriba; a tu alrededor solo el murmullo del agua, el canto de los pájaros y el susurro de las hojas. Aquí es donde los seulitas escapan del estrés: los oficinistas comen en las orillas, las parejas pasean de la mano y los jubilados practican taichí.
El arroyo es especialmente bonito de noche, cuando los rascacielos de ambos lados se iluminan y el agua refleja su resplandor. Hay algo mágico en ese contraste: un río en plena megalópolis, silencio en medio del ruido, naturaleza en medio del hormigón.
Cheonggyecheon nos recuerda que las ciudades pueden cambiar a mejor. Donde había una autopista sucia, ahora corre agua limpia. Donde había hormigón, ahora crecen árboles. Un ejemplo inspirador de cómo devolver la naturaleza a la ciudad, y de cómo la ciudad solo sale ganando.