Montpellier
Montpellier: la joya mediterránea del sur de Francia
Montpellier es la séptima ciudad más grande de Francia y la capital de la región de Occitania. Se encuentra a apenas unos kilómetros de las aguas azules del mar Mediterráneo. Esta dinámica ciudad universitaria, con mil años de historia en la enseñanza de la medicina, combina el encanto medieval de las callejuelas estrechas del Écusson con la atrevida arquitectura contemporánea del barrio de Antigone. La Place de la Comédie, con su célebre Fuente de las Tres Gracias, el majestuoso arco de triunfo del Peyrou y numerosas mansiones renacentistas atraen a los viajeros que buscan el auténtico sur de Francia.
Historia de Montpellier: de puesto comercial a centro universitario
A diferencia de la mayoría de las grandes ciudades francesas, Montpellier no tiene pasado romano. La ciudad surgió en el siglo X como un asentamiento comercial en la ruta de peregrinación a Santiago de Compostela. Su posición ventajosa entre España e Italia la convirtió rápidamente en un próspero centro de comercio de especias y textiles.
En 1220 se fundó aquí una de las universidades más antiguas de Europa, y su facultad de medicina, creada en 1181, está considerada la más antigua del mundo occidental. Entre sus estudiantes figuraron Nostradamus y François Rabelais. El Montpellier medieval era una ciudad cosmopolita, con influyentes comunidades judías y árabes cuyos conocimientos de medicina y comercio enriquecieron la ciudad.
Ciudad real y guerras de religión
En 1349, Montpellier fue vendida a la corona francesa y se convirtió en un importante centro administrativo del Languedoc. Sin embargo, el siglo XVI trajo duras pruebas a la ciudad: las guerras de religión entre católicos y protestantes destruyeron muchas iglesias y monasterios. Montpellier permaneció durante mucho tiempo como un bastión hugonote, lo que moldeó su carácter cultural.
El Siglo de las Luces y el renacimiento moderno
El siglo XVIII fue la edad de oro de Montpellier: los comerciantes ricos levantaron lujosas mansiones (hôtels particuliers) y se construyó la grandiosa Place du Peyrou con su acueducto. Tras un largo período de declive en los siglos XIX y XX, la ciudad vivió un renacimiento en la década de 1980 gracias a los ambiciosos proyectos arquitectónicos de Ricardo Bofill y al desarrollo de las industrias de alta tecnología.
La Place de la Comédie: el corazón de la ciudad
La Place de la Comédie es la plaza principal de Montpellier y una de las zonas peatonales más grandes de Europa. Los habitantes la llaman simplemente 'El Huevo' (L'Œuf) por su forma ovalada. Es el punto de partida para recorrer la ciudad y un lugar de encuentro para todos sus vecinos.
La Fuente de las Tres Gracias
En el centro de la plaza se alza la Fuente de las Tres Gracias (1776), símbolo de Montpellier. Las tres Gracias —Aglaya, Eufrósine y Talía— representan la belleza, la alegría y la abundancia. Las estatuas originales de mármol se conservan en un museo, mientras que en la plaza se exhiben copias exactas en bronce.
La ópera y la arquitectura
La plaza está enmarcada por elegantes edificios del siglo XIX, entre los que destaca la Ópera (1888), de estilo renacentista italiano. Los numerosos cafés con terraza crean una típica atmósfera mediterránea, especialmente animada al caer la noche.
L'Écusson: el corazón medieval
L'Écusson es el centro histórico de Montpellier, que debe su nombre a su forma de escudo (écusson en francés). Este laberinto de calles medievales estrechas, plazas escondidas y magníficas mansiones es un verdadero tesoro para los amantes de la arquitectura y la historia.
Mansiones renacentistas
El mayor tesoro del Écusson son las más de 80 mansiones que se conservan (hôtels particuliers) de los siglos XVII y XVIII. Estas casas señoriales, con patios interiores y escaleras monumentales, pertenecieron a ricos comerciantes y nobles. Muchas pueden visitarse durante la 'Noche de las Mansiones', en septiembre.
La Rue Foch y la Place Sainte-Anne
La Rue Foch es la principal arteria comercial del casco antiguo, con boutiques y cafés. La Place Sainte-Anne, coronada por la iglesia del mismo nombre, es uno de los rincones con más ambiente del Écusson, sobre todo durante los festivales callejeros.
La Place du Peyrou: grandeza real
La Place du Peyrou es una grandiosa explanada real situada en el extremo occidental del centro histórico, creada en el siglo XVIII. Es el punto más alto del casco antiguo y ofrece vistas impresionantes de los Pirineos, el mar y las montañas de las Cevenas.
La estatua ecuestre de Luis XIV
En el centro de la plaza se alza una estatua ecuestre de bronce de Luis XIV, la más grande de Francia. La original fue destruida durante la Revolución; la actual se instaló en 1838. Desde su pedestal, este 'Rey Sol' contempla la ciudad.
El arco del triunfo y el acueducto
La entrada a la plaza está enmarcada por el Arco del Triunfo (1691), dedicado a Luis XIV. Sus bajorrelieves representan los acontecimientos clave de su reinado. Al otro lado de la plaza se ve el Acueducto de Saint-Clément (siglo XVIII), que todavía abastece de agua a la ciudad desde manantiales situados a 14 kilómetros.
Antigone: una utopía arquitectónica
El barrio de Antigone es un ambicioso proyecto neoclásico del arquitecto catalán Ricardo Bofill, construido en la década de 1980. Su contraste con el centro histórico pone de manifiesto la disposición de Montpellier hacia la experimentación arquitectónica.
Grandeza neoclásica
Antigone se compone de una sucesión de plazas y calles con grandiosos edificios de hormigón prefabricado que imitan la arquitectura clásica. Enormes columnatas, arcos y frontones crean la impresión de una ciudad de la antigua Grecia en clave moderna.
De la Comédie al Lez
Antigone arranca en la Place de la Comédie y se extiende hasta el río Lez. Cada plaza lleva un nombre vinculado a la Antigüedad: Tesalia, Maratón, Olimpia. El punto final es la Place de Lesseps, junto al río, desde donde se puede pasear hasta el mar.
El Jardín Botánico de Montpellier
El Jardín Botánico de Montpellier, fundado en 1593, es el más antiguo de Francia y uno de los más antiguos de Europa. Creado para la facultad de medicina de la universidad, alberga colecciones de plantas únicas.
Colecciones e historia
El jardín ocupa 4,5 hectáreas en pleno centro de la ciudad y reúne más de 2.500 especies de plantas. La flora mediterránea, los invernaderos con plantas tropicales y una sección de hierbas medicinales lo convierten en un verdadero oasis de tranquilidad.
Montpellier y la botánica
Montpellier desempeñó un papel clave en la historia de la botánica europea. Aquí trabajaron destacados naturalistas, y muchas plantas exóticas se difundieron por Europa por primera vez desde este jardín.
El Museo Fabre: un tesoro artístico
El Museo Fabre es uno de los mayores museos de arte de Francia fuera de París. Fundado en 1825 por el pintor François-Xavier Fabre, atesora una colección excepcional de pintura desde el Renacimiento hasta la actualidad.
La colección
El museo es especialmente rico en pintura europea de los siglos XVII al XIX: obras de Rubens, Delacroix, Courbet y Bazille (natural de Montpellier). Varias salas están dedicadas al arte contemporáneo, entre ellas una importante colección de Pierre Soulages, maestro del color negro.
El edificio y la arquitectura
El museo ocupa una mansión histórica del siglo XVII, ampliada con añadidos modernos. Una reciente reforma creó galerías luminosas, perfectamente adaptadas para exponer pintura.
La Catedral de San Pedro
La Catedral de San Pedro es la única iglesia de Montpellier que sobrevivió a las guerras de religión del siglo XVI. Este macizo templo gótico del siglo XIV destaca por su singular baldaquino a modo de dosel en la entrada, sostenido por dos poderosas columnas.
Arquitectura e interior
La catedral formaba parte originalmente del Monasterio de San Benito. Su austero exterior se asemeja más a una fortaleza que a una iglesia, herencia de tiempos turbulentos. En el interior hay una nave espaciosa con vidrieras y un órgano del siglo XIX.
La cercana Facultad de Medicina
Junto a la catedral está la histórica Facultad de Medicina de la Universidad de Montpellier, una de las más antiguas del mundo. Su museo alberga una colección única de especímenes anatómicos e instrumentos médicos.
La cocina mediterránea de Montpellier
La cocina de Montpellier es la quintaesencia del Languedoc: marisco fresco, aceite de oliva, hierbas aromáticas y vinos de la región. La proximidad al mar y las ricas tradiciones agrícolas dan lugar a una paleta gastronómica única.
Pescado y marisco
La cercanía del Mediterráneo se traduce en abundancia de pescado y marisco. Ostras de Bouzigues, mejillones de Sète, pescados locales (dorada, lubina, rodaballo): todo preparado de forma sencilla, con aceite de oliva y hierbas. La bullabesa de aquí no es menos excelente que la de Marsella.
Los vinos del Languedoc
Montpellier está rodeada de viñedos del Languedoc, la mayor región vinícola de Francia. Tintos de Pic Saint-Loup, blancos Picpoul de Pinet, moscateles de Frontignan: la variedad es impresionante. Muchas bodegas abren sus puertas para catas.
Especialidades locales
Entre los platos de la zona destacan la tielle sétoise (empanada de pulpo de Sète), la bourride (sopa de pescado con alioli) y el petit pâté (pastelillo de carne de Pézenas). A los golosos les encantarán las grisettes, tradicionales caramelos de miel con regaliz.
Las playas y el mar
Montpellier se encuentra a tan solo 11 kilómetros de la costa, lo que la convierte en una base ideal para unas vacaciones de playa. Las amplias playas de arena del Languedoc se extienden a lo largo de decenas de kilómetros.
Las playas de Palavas-les-Flots y Carnon
Las localidades de playa más cercanas a Montpellier —Palavas-les-Flots y Carnon— se pueden alcanzar en tranvía. Sus amplias playas de arena, sus numerosos restaurantes y su ambiente relajado atraen tanto a los vecinos como a los turistas.
La Grande-Motte
La Grande-Motte es una ciudad turística de los años 70 con una arquitectura futurista en forma de pirámides. Diseñada por el arquitecto Jean Balladur, constituye un ejemplo singular de urbanismo modernista, además de contar con excelentes playas.
Información práctica para el viajero
Cómo llegar
Desde París se llega a Montpellier en TGV en 3,5 horas. El Aeropuerto de Montpellier-Méditerranée recibe vuelos de muchas ciudades europeas y está conectado con el centro mediante autobús. Montpellier también tiene conexión directa con Lyon, Marsella y Barcelona.
El transporte urbano
Montpellier cuenta con una red muy desarrollada de cinco líneas de tranvía que cubren toda la ciudad y los alrededores, incluidas las playas. Cada línea tiene un diseño propio. El centro de la ciudad es compacto e ideal para recorrerlo a pie.
Cuándo visitarla
Montpellier disfruta de 300 días de sol al año. La mejor época es la primavera (de abril a junio) y el otoño (de septiembre a octubre): temperaturas agradables y menos turistas. El verano es caluroso (hasta 35 °C), pero la cercanía del mar alivia el calor. El invierno es suave y resulta apropiado para el turismo cultural.
Dónde alojarse
L'Écusson es la mejor opción para sumergirse en el ambiente del casco antiguo. La zona en torno a la Place de la Comédie resulta cómoda para ir de compras. Antigone ofrece hoteles modernos. Para unas vacaciones de playa, plantéese Palavas o Carnon.
Los alrededores de Montpellier
Sète: la Venecia del Languedoc
Sète es una pintoresca ciudad portuaria situada entre el mar y el Étang de Thau, conocida por sus canales, sus restaurantes de pescado y sus torneos de justas acuáticas. Es la cuna del poeta Paul Valéry y del cantante Georges Brassens.
El Pont du Gard
A tan solo una hora en coche está el célebre acueducto romano Pont du Gard, Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Esta obra maestra de la ingeniería antigua, del siglo I, sigue impresionando por su grandeza.
Nîmes y Arlés
Nîmes, con su anfiteatro romano, y Arlés, que inspiró a Van Gogh, están a poca distancia. Ambas ciudades son auténticos tesoros del patrimonio antiguo y medieval.
Montpellier para cada tipo de viajero
Para familias con niños
El Zoológico de Montpellier es uno de los mejores de Francia, y la entrada es gratuita. El Planetario Galileo ofrece espectáculos interactivos. Las playas de pendiente suave son ideales para los niños. El Acuario Mare Nostrum permite descubrir la vida marina.
Para amantes del arte
El Museo Fabre es una visita imprescindible. Las galerías de arte contemporáneo del Écusson, el arte callejero del barrio de Figuerolles y el festival Montpellier Danse (de junio a julio): la ciudad vive y respira arte durante todo el año.
Para gourmets
El mercado de Les Halles Castellane es el mejor sitio para descubrir los productos de la zona. La Rue Foch y la Place Jean-Jaurès están repletas de restaurantes para todos los gustos y bolsillos. Las rutas del vino por los viñedos de Pic Saint-Loup se organizan a diario.
Para los más jóvenes
Montpellier es una de las ciudades más jóvenes de Francia gracias a sus 70.000 estudiantes. Eso se traduce en una vida nocturna animada, precios asequibles en cafés y bares, y numerosos eventos culturales. La zona de la Place Jean-Jaurès es el epicentro de la vida nocturna.
Consejos para el viaje
- El tranvía es la mejor forma de llegar a las playas desde el centro
- El Museo Fabre es gratuito el primer domingo de cada mes
- La 'Noche de las Mansiones', en septiembre, abre las puertas de mansiones privadas
- El Zoológico de Montpellier es gratuito, pero el aparcamiento es de pago
- El mercado de Les Halles Castellane abre todos los días excepto el lunes
- La Place de la Comédie es especialmente bonita de noche, iluminada
- Un paseo por el Acueducto de Saint-Clément es una excelente excursión de media jornada
- Reserve mesa con antelación en los restaurantes más populares, sobre todo en verano
- Las bicicletas Vélomagg son una manera cómoda de recorrer la ciudad
- El festival Montpellier Danse, en junio, es un evento de primer nivel
Montpellier es una ciudad de contrastes y descubrimientos, donde las calles medievales conviven con la arquitectura vanguardista y las tradiciones universitarias milenarias se mezclan con la energía juvenil de una ciudad estudiantil. El sol mediterráneo, una rica vida cultural, la cercanía del mar y la montaña y una excelente gastronomía: todo ello hace de Montpellier una de las ciudades más atractivas del sur de Francia. Dos o tres días aquí pasarán volando, dejándote recuerdos imborrables y ganas de volver.