Louvre Abu Dabi
Cuando el arquitecto francés Jean Nouvel recibió el encargo de un museo en Abu Dabi, se preguntó: ¿cómo crear un edificio que sea un puente entre culturas y que, a la vez, forme parte del paisaje desértico? La respuesta fue una cúpula flotante de 8.000 estrellas metálicas bajo la cual la luz juega como en una medina árabe. El Louvre Abu Dabi no es una sucursal del museo parisino, sino un proyecto independiente que cambió la idea de lo que puede ser un museo del siglo XXI.
La arquitectura como arte
Lluvia de luz
La idea principal de Nouvel es la «lluvia de luz» (pluie de lumière). La cúpula, de 180 metros de diámetro, consta de ocho capas de metal perforado con motivos geométricos. La luz del sol que se filtra por miles de aberturas crea un juego cambiante de luces y sombras en las paredes, los suelos y el agua. El efecto recuerda a la luz que se cuela entre las hojas entrelazadas de las palmeras de un oasis, o a través de la mashrabiya de una casa árabe tradicional.
Un museo sobre el agua
Los 55 edificios del museo «flotan» sobre el agua: los canales pasan entre las galerías y crean la sensación de estar en una isla. El agua refleja la cúpula, lo que aporta profundidad y cambia la percepción según la hora del día. Aquí la arquitectura no es solo un envoltorio para el arte, sino parte de la exposición.
La colección: diálogo entre civilizaciones
El concepto
A diferencia de los museos tradicionales, divididos por culturas (el arte egipcio por un lado, el europeo por otro), el Louvre Abu Dabi se organiza de forma cronológica. Las obras de distintas civilizaciones se exhiben juntas si se crearon en la misma época: un Corán medieval junto a una Biblia gótica, una máscara africana junto a una escultura griega. Todo ello invita a reflexionar sobre las conexiones entre culturas.
Obras maestras
El museo tiene colección propia y recibe obras en préstamo de museos franceses (el Louvre, el Museo de Orsay, el Pompidou, Versalles). Entre sus tesoros figuran «El bañista de bronce» de Rodin, un autorretrato de Van Gogh, «Napoleón cruzando los Alpes» de David, sarcófagos del antiguo Egipto, figurillas mesopotámicas y obras de Picasso y Mondrian.
Pero aquí no hay jerarquía entre obras «mayores» y «menores». Una figurilla de bronce de Benín recibe tanto espacio y tanta luz como el lienzo de un maestro europeo. Es una visión democrática de la historia del arte.
La visita al museo
El recorrido
La exposición se plantea como un viaje en el tiempo: desde las civilizaciones antiguas, pasando por la Antigüedad clásica, la Edad Media y el Renacimiento, hasta la época moderna. El recorrido atraviesa 23 galerías, unas íntimas y otras espaciosas. Entre ellas hay salidas al agua y a la luz, donde tomar aliento.
Cuánto tiempo dedicarle
Como mínimo, 2 o 3 horas para la exposición principal. Con las exposiciones temporales y alguna pausa tranquila junto al agua, medio día. La audioguía ayuda a entender el contexto, pero no es imprescindible: la exposición se sigue de forma intuitiva.
Cuándo visitarlo
El museo abre de 10:00 a 18:30 (hasta las 20:30 los jueves y viernes). El mejor momento es por la mañana, cuando hay menos grupos, o el jueves por la noche, cuando la cúpula se ilumina por dentro. Consulte el programa de exposiciones temporales, que suelen ser excepcionales.
Consejos prácticos
Entradas
Cuestan unos 65 dírhams (18 dólares). Los niños menores de 13 años entran gratis. Comprar por internet agiliza la entrada. Los martes la entrada es gratuita a determinadas horas (consulte la web).
Cómo llegar
El museo está en la isla de Saadiyat, a 20 minutos del centro de Abu Dabi. Los taxis son baratos y también hay autobuses. Cerca queda la playa de Saadiyat, de arena blanca y agua turquesa: combine cultura y descanso en la playa.
Qué hay cerca
En la isla de Saadiyat se está construyendo el Museo Guggenheim (abrirá más adelante). La Mezquita Sheikh Zayed queda a 15 minutos. En el Parque de Manglares se puede hacer kayak entre los manglares.
Ambiente y carácter
El Louvre Abu Dabi es un museo que invita a pensar. No solo sobre arte, sino sobre las conexiones entre culturas y sobre cómo la humanidad ha creado belleza desde siempre, al margen de la geografía y la religión. Aquí la arquitectura es inseparable del contenido: la luz, el agua y el espacio trabajan codo con codo con las obras.
Esto no es una «sucursal árabe de un museo francés», sino una institución cultural independiente con una filosofía propia. Un lugar donde una esfinge egipcia mira a un dragón chino y, entre ambos, cae una lluvia de luz desértica. Después de visitarlo, tu manera de ver la historia del arte cambia.