Santa Sofía
Santa Sofía es un edificio que ha cambiado de religión tres veces: catedral cristiana, mezquita, museo y de nuevo mezquita. Durante mil años fue la mayor iglesia del mundo cristiano. Hoy, bajo la cúpula de Justiniano, conviven los mosaicos bizantinos y la caligrafía islámica, testimonio vivo de una historia turbulenta.
La catedral de Justiniano
La primera iglesia en este lugar se construyó en el año 360 d. C. Ardió, fue reconstruida y volvió a arder. En el 532, tras la revuelta de Niká, el emperador Justiniano decidió levantar algo sin precedentes.
Dos arquitectos, Antemio de Tralles e Isidoro de Mileto, recibieron carta blanca. En cinco años (en el 537) crearon un edificio que asombró a sus contemporáneos y sigue asombrando a quienes lo visitan.
La cúpula, de 31 metros de diámetro, flota a 55 metros de altura, sostenida por un sistema de semicúpulas y arcos. Cuando Justiniano entró en la iglesia terminada, según cuentan, exclamó: «¡Salomón, te he superado!».
Arquitectura e ingeniería
El principal prodigio de Santa Sofía es una cúpula que parece flotar. El secreto está en las 40 ventanas de su base: la luz difumina el límite entre la cúpula y los muros, y crea una ilusión de ingravidez.
El edificio estuvo a punto de derrumbarse varias veces. Los terremotos del 553 y del 557 dañaron la estructura, y en el 558 la cúpula se vino abajo en parte. Isidoro el Joven la reconstruyó más alta y más resistente. Los contrafuertes que añadieron los otomanos también ayudan.
Las columnas se trajeron de templos antiguos: las verdes, del templo de Artemisa de Éfeso; las de pórfido, de Roma. Los bizantinos no dudaban en reutilizar materiales: era práctico y simbólico a la vez.
Herencia bizantina
Los mosaicos de Santa Sofía son obras maestras del arte bizantino. La mayoría datan de los siglos IX al XII (posteriores a la iconoclasia):
La Deésis (galería sur): Cristo con la Virgen María y san Juan Bautista. Del siglo XIII, es el mosaico de mayor calidad artística de la catedral.
La Virgen con el Niño (ábside): el primer mosaico creado tras la iconoclasia, del año 867 d. C.
Los retratos imperiales: la emperatriz Zoe con su esposo (¡el rostro del esposo se cambiaba con cada matrimonio!) y Juan II Comneno con su familia.
Tras la conversión en mezquita, los mosaicos se cubrieron con yeso. Eso los salvó: bajo la capa de cal se conservaron mejor que si hubieran quedado a la vista.
La mezquita otomana
El 29 de mayo de 1453, Mehmed II entró a caballo en la Constantinopla conquistada y se dirigió directamente a Santa Sofía. La catedral se convirtió en mezquita, la principal del Imperio otomano.
Las transformaciones fueron de gran calado: cuatro minaretes, el mihrab (el nicho que señala La Meca), el minbar (el púlpito) y medallones gigantes con los nombres de Alá, el Profeta y los califas. Pero la estructura principal se mantuvo intacta.
El arquitecto Sinán reforzó el edificio con contrafuertes en el siglo XVI. Sin su trabajo, Santa Sofía quizá no habría llegado hasta nuestros días.
Museo y regreso a mezquita
En 1934, Atatürk convirtió Santa Sofía en museo, un símbolo de la Turquía laica. Los mosaicos quedaron al descubierto y el edificio se hizo accesible para todos, sin importar la religión.
En 2020, el presidente Erdoğan le devolvió su condición de mezquita. La decisión suscitó debate, pero cambió poco: a los turistas se les sigue permitiendo el acceso (gratuito) y los mosaicos siguen a la vista (salvo durante las oraciones).
La visita
La entrada es gratuita. Durante el namaz (cinco veces al día), se pide a los turistas que salgan. Para visitarla, ve entre oraciones: los horarios cambian, así que conviene comprobarlos con antelación.
Las mujeres necesitan pañuelo para la cabeza y ropa discreta (se facilitan en la entrada). Hay que descalzarse. Se permite hacer fotos, pero sin flash.
Las galerías superiores a veces están cerradas por restauración: allí están los mejores mosaicos, así que compruébalo durante tu visita.
Cómo llegar
Tranvía T1, parada Sultanahmet: Santa Sofía está justo enfrente. Cerca quedan la Mezquita Azul, el palacio de Topkapi y la Cisterna Basílica.
Ambiente y carácter
Santa Sofía es un edificio palimpsesto: cada época escribió sobre la anterior, pero quedan las huellas. Mosaicos cristianos bajo medallones islámicos, columnas bizantinas bajo arcos otomanos: todo convive.
El espacio impresiona por su escala. La cúpula parece flotar de verdad. La luz de las ventanas juega sobre el oro de los mosaicos. Comprendes por qué los enviados del príncipe Vladímir no sabían «si estaban en el cielo o en la tierra».
Los debates sobre la condición del edificio no se apagarán: hay demasiada historia, demasiadas reivindicaciones. Pero Santa Sofía lleva en pie 1.500 años y es probable que siga estándolo. Ha sobrevivido a imperios y sobrevivirá a la política.