Reikiavik
Reikiavik 2026: lo que debes saber antes de viajar
Reikiavik no es una capital europea al uso. Olvídate de las grandes avenidas, los monumentos imperiales o las multitudes de turistas con palos de selfi. La capital de Islandia es una ciudad pequeña, de apenas 140.000 habitantes, donde el viento del Atlántico Norte sopla con fuerza entre casas de colores y cafeterías que huelen a canela. Viví allí seis meses y puedo decirte que es uno de esos lugares que te cambian la perspectiva de lo que significa calidad de vida.
Lo primero que debes saber: Islandia es cara. Muy cara. Un café con leche te costará entre 5 y 7 euros, una cerveza en un bar ronda los 10-12 euros, y cenar en un restaurante decente puede superar fácilmente los 50 euros por persona. Pero antes de que cierres esta página, déjame decirte que hay formas inteligentes de disfrutar de Reikiavik sin arruinarte, y te las voy a contar todas.
La buena noticia es que desde España hay vuelos directos con Icelandair desde Madrid y Barcelona, y desde Latinoamérica puedes conectar fácilmente vía Londres, París o directamente desde Nueva York si vienes desde México o Colombia. El vuelo desde Madrid dura apenas 4 horas, lo que convierte a Reikiavik en una escapada perfecta para un puente largo o unas vacaciones de una semana.
En 2026, la ciudad sigue siendo ese refugio de naturaleza salvaje a 20 minutos del centro: auroras boreales en invierno, sol de medianoche en verano, y una escena gastronómica y cultural que sorprende para su tamaño. Los islandeses son reservados al principio, pero increíblemente acogedores cuando rompes el hielo. Y sí, casi todos hablan inglés perfectamente, así que la barrera del idioma no será un problema.
Barrios de Reikiavik: dónde alojarse según tu estilo
Reikiavik es compacta y, en su mayor parte, se puede recorrer a pie, pero cada barrio tiene su personalidad. Elegir bien dónde quedarte puede marcar la diferencia entre una experiencia buena y otra inolvidable.
Centro histórico (Miðborg): el corazón de la ciudad
Es la zona más turística, pero también la más práctica. Aquí encontrarás la famosa calle Laugavegur, llena de tiendas, restaurantes y bares. La Iglesia Hallgrimskirkja domina el horizonte y es el punto de referencia para orientarte. Alojarte aquí significa tenerlo todo a mano: museos, cafeterías, la Sala de Conciertos Harpa junto al puerto, y la vida nocturna concentrada en pocas calles.
Precio medio: hoteles de 150-250 euros por noche, hostales desde 50-80 euros en habitación compartida. Apartamentos de Airbnb entre 120-180 euros.
Ideal para: primera visita, viajeros que quieren ir caminando a todas partes, amantes de la vida nocturna.
Contras: puede ser ruidoso los fines de semana, precios más altos, menos auténtico.
Grandi: el barrio de moda junto al puerto
Hace diez años, Grandi era una zona industrial de almacenes de pescado. Hoy es el barrio más en boga de Reikiavik. Aquí están algunos de los mejores restaurantes de la ciudad, galerías de arte contemporáneo, y el famoso Museo Marshall House. Es donde van los lugareños cuando quieren impresionar a alguien con una cena especial.
Precio medio: hoteles boutique desde 180-300 euros. Hay menos opciones de alojamiento que en el centro, pero las que hay son de calidad.
Ideal para: amantes de la buena mesa, del diseño, y viajeros que buscan experiencias más locales.
Contras: menos vida nocturna; tienes que caminar 15-20 minutos hasta el centro o tomar el bus.
Vesturbær: residencial y tranquilo
Al oeste del centro, este barrio residencial ofrece una experiencia más auténtica de la vida islandesa. Casas de colores, jardines pequeños, y vecinos paseando a sus perros. La playa de Nauthólsvík queda cerca: una playa geotermal donde los lugareños se bañan incluso en invierno gracias al agua caliente que bombean al mar.
Precio medio: apartamentos desde 100-150 euros, y algunas casas de huéspedes familiares.
Ideal para: familias, viajeros que buscan tranquilidad, estancias largas.
Contras: menos restaurantes y tiendas; necesitas transporte para algunas actividades.
Hlemmur y Laugardalur: el este emergente
La zona que rodea la antigua estación de autobuses Hlemmur se ha transformado en los últimos años. Ahora hay un mercado gastronómico muy popular, cafeterías modernas y una mezcla interesante de lugareños e inmigrantes. Más hacia el este, Laugardalur cuenta con el parque más grande de la ciudad, la piscina termal más famosa y el camping municipal.
Precio medio: hoteles desde 120-200 euros; el camping cuesta unos 25 euros por persona con tienda propia.
Ideal para: viajeros con presupuesto ajustado, familias con niños que quieren el parque cerca, amantes de las piscinas termales.
Contras: el ambiente menos turístico puede resultar desorientador para algunos.
Mi recomendación personal
Si es tu primera vez y vienes menos de una semana, quédate en el centro o en Grandi. Podrás ir caminando a todo y aprovechar el tiempo. Si vienes más de una semana o buscas ahorrar, Vesturbær o la zona de Hlemmur ofrecen mejor relación calidad-precio y una experiencia más local. El camping de Laugardalur es sorprendentemente bueno si vienes en verano y no te importa compartir baños, aunque las noches de sol de medianoche hacen difícil dormir sin un buen antifaz.
Mejor época para visitar Reikiavik
Esta es quizá la pregunta más importante, y la respuesta depende por completo de qué experiencia buscas. Islandia tiene dos personalidades muy distintas según la estación, y ambas son espectaculares a su manera.
Invierno (noviembre a febrero): auroras y oscuridad mágica
Si vienes por las auroras boreales, esta es tu época. Las noches son largas, muy largas. En diciembre, el sol sale hacia las 11 de la mañana y se pone a las 3 de la tarde. Pero no te asustes: la oscuridad islandesa tiene algo mágico. Las luces de las casas, las velas en las cafeterías, y la posibilidad de ver cómo el cielo se tiñe de verde hacen que valga la pena.
Temperaturas: entre -5 y 5 grados, pero el viento hace que la sensación térmica baje considerablemente. Necesitas ropa técnica de verdad: capas, cortavientos, buenos guantes y botas impermeables.
Ventajas: menos turistas, precios de alojamiento más bajos que en verano, auroras boreales, un ambiente navideño increíble, acceso a cuevas de hielo.
Desventajas: días muy cortos, algunas carreteras cerradas por la nieve, un clima impredecible que puede arruinar excursiones.
Verano (junio a agosto): sol de medianoche y libertad total
El verano islandés es lo opuesto: el sol apenas se pone. En junio hay luz las 24 horas. Esto significa que puedes hacer excursiones a las 10 de la noche con luz perfecta, los restaurantes tienen las terrazas abiertas hasta tarde, y se respira una euforia colectiva tras los meses oscuros.
Temperaturas: entre 10 y 15 grados, con días excepcionales que llegan a 20. Suena frío, pero con sol se siente muy agradable.
Ventajas: días interminables, todas las carreteras abiertas incluidas las tierras altas, festivales de música, más vida en la calle.
Desventajas: los precios en su punto más alto, más turistas, necesitas antifaz para dormir, y no hay auroras boreales.
Temporadas intermedias: mi recomendación secreta
Septiembre y mayo son mis meses favoritos. En septiembre todavía hay bastantes horas de luz, pero ya empiezan las auroras. Los precios bajan, los turistas de verano se han ido, y los colores otoñales del interior son espectaculares. Mayo trae el despertar de la primavera, días cada vez más largos, y la ilusión de los lugareños que se preparan para el verano. Los precios son más razonables y encuentras mejor disponibilidad en los tours populares.
Itinerarios: cómo aprovechar tu tiempo en Reikiavik
He diseñado estos itinerarios a partir de mi experiencia viviendo allí y de las preguntas que siempre me hacen los amigos cuando planean su viaje. Son flexibles, así que adáptalos a tu ritmo.
3 días: lo esencial de la capital
Día 1: centro histórico y orientación
Empieza recorriendo Laugavegur desde Hlemmur hasta el puerto. Para en alguna cafetería a tomar un café y un kleina, el donut islandés tradicional. Sube a la Iglesia Hallgrimskirkja para ver la ciudad desde arriba. Cuesta 1000 ISK, unos 7 euros, y las vistas valen la pena. Por la tarde, pasea hasta la Sala de Conciertos Harpa y quédate a ver el atardecer reflejarse en su fachada de cristal. Cena en el centro tu primera noche.
Día 2: Círculo Dorado
Esta excursión de un día es obligatoria. Puedes hacerla con un tour organizado desde unos 80 euros o alquilar un coche. Visitarás Thingvellir, donde las placas tectónicas se separan y donde nació el parlamento más antiguo del mundo. Geysir, el géiser original que dio nombre a todos los géiseres del planeta. Y Gullfoss, una cascada brutal que en invierno se congela en parte. Sal temprano, vuelve al atardecer, cena algo rápido y descansa.
Día 3: museos y despedida
Dedica la mañana al Museo Perlan o al Museo Nacional de Islandia, según prefieras naturaleza interactiva o historia vikinga. El Perlan tiene un planetario increíble y una cueva de hielo artificial que te prepara para lo que verás si vas al interior de Islandia. Por la tarde, paseo final por el puerto viejo, foto obligatoria con la Escultura del Viajero del Sol, y última cena de pescado fresco.
5 días: añade naturaleza y profundidad
Días 1-3: el itinerario de 3 días anterior.
Día 4: costa sur
Excursión de día completo a la costa sur. Es larga, unas 10-12 horas, pero imprescindible. Verás cascadas como Seljalandsfoss, donde puedes caminar por detrás de la cortina de agua, y Skógafoss, perfecta para fotos. La playa de arena negra de Reynisfjara, con sus columnas de basalto, es otro mundo. Si tienes suerte con el clima, llegarás hasta el glaciar Sólheimajökull para verlo de cerca. Vuelves agotado pero feliz.
Día 5: relax y piscinas termales
Después de dos días intensos de excursiones, mereces un día de descanso. Olvídate de la Laguna Azul si tienes presupuesto limitado: es cara y muy turística. En su lugar, ve a la piscina de Laugardalslaug, en la ciudad; la entrada cuesta solo 12 euros e incluye varias piscinas calientes, sauna y baño de vapor. Los lugareños van todas las mañanas y es una experiencia auténticamente islandesa. Por la tarde, explora algún barrio que te quedara pendiente o, simplemente, pasea sin rumbo.
7 días: la experiencia completa
Días 1-5: el itinerario de 5 días anterior.
Día 6: península de Snæfellsnes
La Islandia en miniatura, la llaman. En un día puedes ver montañas, glaciares, playas, pueblos pesqueros, campos de lava y acantilados con frailecillos en verano. La montaña Kirkjufell es la más fotografiada del país. El pueblo de Arnarstapi tiene un paseo costero espectacular. Es una excursión de día completo, unas 10-11 horas desde Reikiavik, pero merece absolutamente la pena.
Día 7: avistamiento de ballenas y despedida
Termina tu viaje con una experiencia marina. El avistamiento de ballenas en la bahía de Faxaflói sale directamente del puerto viejo de Reikiavik. Las excursiones duran unas 3 horas y tienes muchas probabilidades de ver ballenas minke, delfines y, con suerte, ballenas jorobadas. Es caro, entre 80-100 euros, pero es una experiencia que no olvidarás. El resto del día, compras de última hora en Laugavegur, quizás una última visita a tu cafetería favorita, y los preparativos para el vuelo.
Consejos para todos los itinerarios
Reserva las excursiones con antelación en temporada alta, sobre todo el Círculo Dorado y la costa sur. En invierno, ten siempre un plan B, porque el clima puede cancelar actividades. Los tours suelen ofrecer el cambio de fecha gratis. Y no intentes hacer demasiado: Islandia es para saborearla, no para tachar casillas de una lista.
Dónde comer en Reikiavik: restaurantes que valen la pena
Comer en Reikiavik puede ser una experiencia increíble o un golpe brutal a tu cartera. Después de meses probando sitios, aquí van mis recomendaciones honestas en distintos rangos de precio.
Para derrochar: experiencias gastronómicas de altura
Grillið: en lo alto del hotel Saga, con vistas a la ciudad y menús de degustación que combinan ingredientes islandeses con técnicas modernas. Tiene una estrella Michelin y precios acordes: menú de degustación desde 180 euros. Reserva con semanas de antelación.
Dill: el primer restaurante islandés con estrella Michelin, y sigue siendo una referencia. Solo menú de degustación de 7 pasos, centrado en productos locales y de temporada. Una experiencia de 3 horas que cuesta unos 200 euros. Vale cada corona si te va la alta cocina.
Matur og Drykkur: en el barrio de Grandi, cocina islandesa tradicional pero elevada. El bacalao con mantequilla tostada es legendario. Cenas desde 60-80 euros por persona con vino. El ambiente es más relajado que en los anteriores, pero igual de delicioso.
Rango medio: calidad sin arruinarte
Messinn: mi favorito personal para pescado. Sirven las famosas «fish pans», sartenes de hierro con pescado del día, verduras y salsas increíbles. Platos principales desde 25-35 euros. Tienen dos locales; el del centro suele estar lleno, así que llega temprano o reserva.
Sægreifinn: el «Sea Baron», junto al puerto. Conocido por su sopa de langosta, que es más bien un guiso cremoso espectacular. La sopa cuesta unos 15 euros y es contundente. También tienen brochetas de pescado y de ballena, si te atreves. Ambiente de lonja, sin pretensiones.
Hlemmur Mathöll: un mercado gastronómico con varios puestos de comida. Perfecto para grupos en los que cada uno quiere algo diferente. Hay desde tacos hasta ramen, pasando por pizzas y platos islandeses. Puedes comer bien por 15-25 euros.
Para ahorrar: comer bien sin gastar demasiado
Bæjarins Beztu Pylsur: el puesto de perritos calientes más famoso del país. Un perrito con todo cuesta menos de 5 euros y es sorprendentemente bueno. La salsa de cebolla crujiente y la remoulade son el secreto. Hay cola, pero avanza rápido.
Noodle Station: sopas de fideos al estilo tailandés por menos de 15 euros. Tres niveles de picante, ingredientes frescos y raciones generosas. Perfecto para entrar en calor tras un día frío.
Bonus y Kronan: los supermercados más baratos de Islandia. Compra pan, queso, embutidos y fruta para hacer picnics o desayunos en el alojamiento. Puedes reducir a la mitad tu gasto en comida si cocinas algunas comidas.
Cafeterías imprescindibles
Reykjavik Roasters: el mejor café de especialidad de la ciudad. Tuestan su propio grano y los baristas saben lo que hacen. Café desde 4-5 euros.
Sandholt: panadería histórica con los mejores pasteles y el pan de centeno más esponjoso. Perfecta para desayunos o meriendas.
Kaffi Vinyl: cafetería vegana dentro de una tienda de discos de vinilo. Un ambiente único y tartas caseras deliciosas.
Qué probar: gastronomía islandesa sin filtros
La cocina islandesa tiene fama de extrema: tiburón fermentado, cabezas de cordero, y otros platos que parecen diseñados para asustar a los turistas. Pero, más allá del morbo, hay una tradición culinaria fascinante basada en la conservación y el aprovechamiento total. Te cuento qué merece la pena probar de verdad.
Lo que debes probar sí o sí
Plokkfiskur: el plato reconfortante islandés por excelencia. Es un puré de pescado con patatas, cebolla y bechamel, servido con pan de centeno oscuro y mantequilla. Suena simple, pero es adictivo. Lo encuentras en casi todos los restaurantes tradicionales desde unos 15-20 euros.
Cordero islandés: las ovejas pastan libres por las montañas durante el verano comiendo hierbas silvestres, lo que da una carne de sabor único. La pierna de cordero asada o el hangikjöt, cordero ahumado, son obligatorios. En restaurantes, desde 30 euros el plato principal.
Skyr: técnicamente es un queso fresco, no un yogur, aunque la textura sea parecida. Los islandeses lo comen con azúcar moreno y nata, o con arándanos. En el supermercado cuesta menos de 2 euros y es el desayuno perfecto.
Bacalao fresco: Islandia vive del bacalao desde hace siglos. Aquí no es el bacalao salado que conocemos en España, sino fresco, con una textura y un sabor completamente distintos. Pídelo en cualquier restaurante de pescado.
Pan de centeno geotérmico: el rúgbrauð tradicional se cuece enterrado en tierra caliente cerca de fuentes termales durante 24 horas. Es denso, ligeramente dulce, y perfecto con mantequilla y salmón ahumado.
Para los aventureros
Hákarl: el famoso tiburón fermentado. Huele a amoníaco puro y el sabor es intenso. No voy a mentirte: a la mayoría de extranjeros les parece horrible. Pero, si quieres la experiencia islandesa completa, prueba un cubito pequeño con un chupito de brennivín, el aguardiente local. Se encuentra en el mercadillo de Kolaportið los fines de semana o en restaurantes tradicionales.
Svið: cabeza de cordero chamuscada y cocida. Se come tradicionalmente entera, incluidos ojos y lengua. Es de sabor más suave de lo que parece y tiene su gracia si superas el aspecto. En el mercado gastronómico BSI o en restaurantes tradicionales como Café Loki.
Harðfiskur: pescado seco, una especie de aperitivo crujiente que los islandeses comen con mantequilla. Alto en proteína, sin grasa, y sorprendentemente bueno cuando le pillas el punto.
Bebidas que probar
Brennivín: el aguardiente nacional, destilado de patata y aromatizado con alcaravea. Los islandeses lo llaman svarti dauði, «muerte negra». Se toma frío, en chupitos, idealmente después del hákarl para limpiar el paladar.
Cervezas artesanales: Islandia tiene una escena cervecera sorprendente, teniendo en cuenta que la cerveza estuvo prohibida hasta 1989. Prueba las de Borg Brugghús o Einstök.
Agua del grifo: en serio. El agua de Reikiavik viene directamente de manantiales glaciares y es de las más puras del mundo. No compres agua embotellada; es tirar el dinero.
Secretos locales: consejos que no están en las guías
Después de vivir en Reikiavik y hacer amigos locales, aprendí trucos que cambian por completo la experiencia. Aquí van los mejores.
Ahorra dinero como un local
Hora feliz: los islandeses no pagan el precio completo por las bebidas. Casi todos los bares tienen su hora feliz entre las 4 y las 7 de la tarde, cuando la cerveza baja de 12 a 6-7 euros. La app Appy Hour te muestra las ofertas en tiempo real.
Compra en el duty free: si vas a beber alcohol, cómpralo en el duty free del aeropuerto al llegar. Las tiendas de alcohol del Estado, Vínbúðin, tienen precios altísimos. Una botella de vino decente cuesta 25-30 euros en tienda frente a 10-15 en el duty free.
Piscinas municipales: olvídate de los spas caros. Las piscinas públicas con aguas termales cuestan 10-12 euros y son donde socializan los lugareños. Laugardalslaug es la más grande, pero Vesturbæjarlaug tiene más ambiente de barrio.
Bonus y Kronan: estos supermercados de descuento son bastante más baratos que los demás. Bonus tiene el cerdito rosa en el logo; Kronan es amarillo. Haz la compra ahí.
Experiencias que los turistas se pierden
El Ayuntamiento de Reikiavik: tiene una maqueta gigante de Islandia en 3D que es la mejor forma de entender la geografía del país antes de tus excursiones. Es gratis y casi nadie lo visita.
Caminar hasta Grótta: al final de la península de Seltjarnarnes, a unos 5 km del centro, hay un faro al que puedes llegar a pie cuando baja la marea. Es mágico al atardecer y perfecto para ver auroras boreales lejos de las luces de la ciudad.
Viernes por la noche en Laugavegur: la tradición del rúntur, dar vueltas por la ciudad bebiendo, es sagrada para los islandeses. Los bares no se llenan hasta después de medianoche y la fiesta dura hasta las 4-5 de la madrugada. No juzgues si ves a gente muy borracha; es parte de la cultura.
Baño de mar en Nauthólsvík: esta playa tiene agua geotermal mezclada con la del mar. En verano puedes bañarte a 15-20 grados mientras el Atlántico, a tu lado, está a 8. Es gratis y muy local.
Errores comunes que evitar
No reserves la Laguna Azul para el primer día: si el vuelo se retrasa o llegas agotado, perderás la reserva, que no es reembolsable. Mejor déjala para un día intermedio.
No subestimes el clima: puede cambiar tres veces en una hora. Lleva siempre capas e impermeable, aunque el día amanezca soleado.
No intentes ver auroras desde el centro: la contaminación lumínica las hace invisibles. Necesitas alejarte al menos 20 minutos en coche o apuntarte a un tour especializado.
No conduzcas fuera de las carreteras: es ilegal, daña el frágil ecosistema, y las multas son enormes. El musgo tarda décadas en recuperarse.
Transporte y comunicaciones en Reikiavik
Moverte por Reikiavik y comunicarte es más fácil de lo que parece, pero hay trucos que conviene conocer antes de llegar.
Del aeropuerto al centro
El aeropuerto internacional de Keflavík está a 50 km de Reikiavik, unos 45 minutos en coche. No hay tren ni metro. Tus opciones son:
Flybus: el autobús oficial; cuesta unos 25 euros por trayecto o 45 ida y vuelta. Te deja en la estación BSI, desde donde hay un enlace gratuito a los hoteles principales. Fiable y frecuente.
Airport Direct: precio parecido; algunas rutas dejan directamente en los hoteles sin transbordo.
Taxi: carísimo, más de 150 euros. Solo si vais varios o lleváis mucho equipaje y os sobra el dinero.
Alquiler de coche: si vas a hacer excursiones por tu cuenta, recógelo directamente en el aeropuerto. Las compañías locales como Lotus Car Rental o Blue Car Rental suelen ser más baratas que las internacionales.
Moverse por la ciudad
A pie: el centro se recorre caminando perfectamente. De Hallgrimskirkja al puerto hay 15 minutos; a Harpa, 20. No necesitas transporte para lo esencial.
Autobús urbano Strætó: si te alejas del centro, los buses cubren toda el área metropolitana. Un billete sencillo cuesta unos 5 euros, pero puedes comprar tarjetas recargables más económicas. La app Strætó te planifica las rutas. Los buses no dan cambio, así que lleva monedas exactas o usa la app.
Bicicleta: hay un sistema de bici compartida, pero el viento y las cuestas hacen que no sea lo ideal para los turistas. En verano, con buen tiempo, puede funcionar para trayectos cortos.
Patinete eléctrico: Hopp opera en la ciudad, y se desbloquean con app. Útiles si el tiempo acompaña.
Para excursiones fuera de la ciudad
Tours organizados: la opción más cómoda si no quieres conducir. Hay decenas de compañías: Reykjavik Excursions, Gray Line o Arctic Adventures son de las más asentadas. Recogen en los hoteles del centro y te devuelven al final del día.
Alquiler de coche: más libertad, pero más responsabilidad. Necesitas un 4x4 solo si vas a las tierras altas o a las carreteras F. Para el Círculo Dorado y la costa sur, basta con un utilitario normal. La gasolina es cara, unos 2 euros el litro. El seguro de grava es recomendable: las piedras saltan en las carreteras sin asfaltar.
Autocaravana: popular en verano, pero la acampada libre está prohibida. Tienes que usar campings oficiales, que cuestan unos 25-35 euros por noche.
Comunicaciones
Internet: wifi gratuito en casi todas partes: cafeterías, restaurantes, museos. La conexión es excelente en toda la ciudad.
Móvil: si tu operador español tiene roaming gratuito en Islandia, perfecto. Si no, plantéate una eSIM local con datos: Nova o Siminn ofrecen paquetes desde 15-20 euros para una semana.
Idioma: todo el mundo habla inglés perfectamente, desde el taxista hasta el camarero. El islandés es imposible de pronunciar, pero no lo necesitarás para nada práctico.
Tarjetas: en Islandia casi no se usa el efectivo. Puedes pagarlo todo con tarjeta, incluso un café de 3 euros. Lleva algo de efectivo por si acaso, pero probablemente no lo uses.
Conclusión: por qué Reikiavik merece estar en tu lista
Reikiavik no es un destino para todo el mundo. Es cara, el clima es impredecible, y si buscas playas y calor, está claro que no es tu sitio. Pero si lo que quieres es una experiencia diferente, una ciudad donde la naturaleza salvaje queda a 20 minutos del mejor café que has probado, donde puedes ver auroras boreales y cenar en restaurantes con estrella Michelin el mismo día, entonces Reikiavik te va a encantar.
Lo que más me sorprendió viviendo allí fue la calidad de vida de los islandeses. No hay prisa, no hay estrés visible, la gente confía en sus vecinos y deja los coches abiertos. Es una sociedad que funciona de una manera que parece utópica desde fuera. Y, aunque como turista solo rascas la superficie, algo de esa calma se te contagia.
Mi consejo final: no intentes verlo todo. Islandia es un país para volver, y Reikiavik una ciudad para pasear sin prisa, sentarte en cafeterías, hablar con los lugareños, y dejarte sorprender. Los mejores momentos de mi tiempo allí fueron los no planeados: una conversación con un pescador en el puerto, un atardecer inesperado que tiñó la ciudad de rosa, una aurora boreal que apareció cuando ya no la esperaba.
Prepárate para el frío, prepárate para gastar más de lo previsto, pero, sobre todo, prepárate para enamorarte de un lugar que no se parece a ningún otro. Reikiavik te espera.